Entré a la biblioteca por primera
vez muy interesada. De reojo el bibliotecario me observa desconfiando,
pululando entre los pasillos y deteniéndome de vez en cuando a curiosear algún
libro. Aún no soy de gran estatura y en ese entonces imagino parecía unos
grandes ojos andantes. Luego de recorrer cada palmo del lugar, tomé un libro y
me dirigí a cerrar la transacción con el bibliotecario, un señor entrado en los
80, flaco, transparente, alto y con una maraña de venas azules por todo el cuerpo.
Él se quitó los anteojos de fondo
de botella para verme mejor, se secó la frente con un impecable pañuelo blanco.
Yo era un manantial de egos y adjetivos verdes ¡Rentaba mi primer libro! Me
sentía grande, curiosa, ajena a la adicción que me iba a poseer desde ese
instante
_ ¿Cómo te llamas? – Inquirió él.
_ Marielys Duluc Reyna.
Para hacer contacto visual, el
miraba hacia abajo y yo me empinaba al máximo para poder mirarle. No creo que
llegara bien a la altura de sus rodillas.
_ ¿Qué edad tienes?
_ Cinco años y cinco meses señor. En junio cumplo 6 años.
_ ¿Sabes leer? _Preguntó algo
dudoso y divertido. Sus arrugas parecían danzar al ritmo de sus palabras.
_ ¡Pues claro!- (Que pregunta más
caída de la mata. Me ve con un libro y
pregunta que si se leer)
Él no muy convencido, toma el
libro que tengo en manos, lo ojea un poco y me dice:
_ Quiero que me leas esta parte,
sin los lentes no logro entender bien.
Agarré el libro confiada e inicié emocionada la
lectura.
_ LA SIRENITA de HANS CHRISTIAN ANDERSEN – entoné con voz
de locutora infantil: En el fondo del más azul de los océanos había un
maravilloso palacio en el cual habitaba el Rey del Mar, un viejo y sabio tritón
que tenía una abundante barba blanca. Vivía en esta espléndida mansión de coral
multicolor y de conchas preciosas, junto a sus hijas, cinco bellísimas sirenas.
_ Señor, ¿Qué es un tritón? _
pregunté.
Y así, fue como me convertí en
visitante fiel de la biblioteca, amante de los libros y escritora los días
miércoles.

