Marielys Duluc Reyna.
Hablemos con calma. Ahora que paso la prisa por definir que color vestirá por cuatro años este país desnudo. Ahora que ya se batió y batió, el mismo pronombre fétido que sirve de adjetivo a nuestra democracia. El 20 de mayo llegó y se fue, dejando gallos muertos, cuentas en sobre giros y pataleos sísmicos. Dejando velas apagadas y apuestas perdidas, pero sobre todo, dejando un pueblo cansado, estafado y dividido en 2 mitades inexactas, una que duda de la legalidad de este proceso y otra que asegura una voluntad popular.
Creo que ya se ha dicho de todo sobre estos pasados comicios, que a pesar de sus muertos, la sangre, el uso excesivo del poder, las cedulas prostituidas y los más de 2 millones de dedos sin tintar, fuero catalogadas como “normales” y alcahueteadas por la comunidad internacional.
En lo personal, un nuevo Papá o Mamá, no cambia en nada mi estilo de vida. Pero si puedo decir que el amargo de mi boca creció causándome migrañas emocionales, al ver las risas de la opulencia contrastando con la ignorancia de mi país. La avasallante publicidad política que asfixiaba la radio, la televisión, los medios escritos. Hicieron bachatas, merengue, salsa y hasta fusilaron ese “Eres Tu” de la madre patria. No falto un dembow o un regueeton que pusiera a mover el esqueleto y olvidar el hambre. Las imprentas hicieron su agosto, diciembre y todos los meses restante. Los periódicos impresos llenaron páginas del mejor postor y las encuestas saltaban como chinchas en la falda de la duda. Estas empresas, fueron las verdaderas ganadoras de las elecciones 2012.
A todo esto, el nuevo Presidente se mostro feliz e humilde, pero sus ojos no brillaron. Quizás cansado de esta batalla o tal vez (prefiero pensarlo a si), tal vez, estamos frente a un hombre digno, que reconoce su victoria como parte de una mano de ajedrez, en la que Él también, fue movido a voluntad y beneficios del Rey.
Blanco o morado, la realidad de este pueblo dominicano, no cambiaria mucho. Seguirán robando unos más que otro. Caminando con el pecho ancho, creyéndose impermeable, señores y dueños. Vivirán en las nubes, comiendo bueno (y pago) andando en buenos vehículos, mimando a sus proles y aliados. Seguridad para la esposa y la otra. Cubriéndose la espalda y tapándose las miserias entre ellos como buenos bomberos. Los del poder gozan, los de la oposición velan con la boca aguada, porque la papa se la comen otros.
De todo esto, ojala salga algo bueno. Como una Ley de partidos que más que ser un adorno, se empantalone y termine este campo de chivos sin leyes. Ojala los partidos se sacudan y saquen todas esas hojas secas, que solo afean y ensucian las pocas ideologías que le queda. Que se limpien de esos miembros que solo laceran y quieren tener sus dos manos seguras, por si se raya un billete el otro saque. En cuanto a los partidos de nuestro Bi-política, tengan en cuenta que gallo “peliao” no asegura pelea. Fortalezcan liderazgo y dejen de creer que son eternos e irremplazables. Sangre nueva, que talento hay de sobra.
No se si es soñar mucho, pero no haría daño, instituciones más independientes del poder, que no se dejen imponer ni alienar al tango que otro quiera bailar. Una Junta Central Electoral justa, que no imponga sanciones y persiga a “unos” (sí, me refiero al indignante cierre del Canal 11 y la transmisión de Roberto Cavada).
Pero ojala, ¡Dios ojala! Que esta generación que sube, entienda que tienen testículos, ovarios y cerebros propios. Y que para ser, no necesitan parecerse. Que precisan encontrar una voz que no solo vele por un color ¡No somos toros! Nos educaron con la cantaleta de que somos el futuro, ahora podemos ser presentes, y dejar de emular ese pasado de patriarcas, dinosaurios y hadas madrinas.
Quizás pido demasiado, pero ojala que un día no muy lejano, importe más los colores de la bandera Nacional, y no los de un partido. Que no nos compren con un chequecito mensual y un empleo en el Ministerio de la Juventud. Esta generación de la que soy parte, me asusta hasta los tuétanos, porque están tan deseos de aprobación de los grandes, que cierran los ojos y solo mueven la cabeza afirmando todo como si bailaran el dembow “Esto se baila diciendo que sí” .
En unos años, estos jóvenes estarán concursando por las mismas posiciones que hoy aplauden. Ojala el adoctrinamiento no sea tan severo y cuando lleguen a esos puestos, sean entes fuera de la manada de mosquito y se destaquen por talentos propios.
A todo esto confieso, que estoy cansada de lo mismo y que con toda honestidad, prefiero que nos gobiernen gente de afuera, como Juancito el Caminante o Rodolfo el Tuerto. El primero tiene al menos la libertad para caminar y el segundo, al ser tuerto solo robara del ojo que ve.