LIC. MARIELYS DULUC
REYNA:
Han pasado pocas horas
desde que posé mis ojos sobre el libro
de tu autoría titulado DE LA MANO DEL TIEMPO.
Antes de comenzar su
lectura me invadía la duda que siente todo lector aficionado al sumergirse en
la fascinante aventura de escudriñar lo que dice un escritor, y especialmente
si se trata de un poeta, como es el caso.
Para dar inicio al
banquete de su lectura decidí jugar un albur y en esa aventura la página 41 fue la primera
que afloró a mi vista, quedándome casi festivamente petrificado, como un
“voyerista” sorprendido.
Agotados los primeros
instantes, todo fue deleite del espíritu, pues los cincuenta poemas (verdadera
simbiosis de tu talento infantil y tu madurez juvenil) contienen en sí el
germen pródigo de una creación poética de largo aliento, que desde ya te
consagran como una estrella en el firmamento literario dominicano.
El contenido DE LA MANO
DEL TIEMPO está en plena sintonía con la proclama que haces de la independencia
de tu musa (en el poema Libre), factor clave para desencadenar en tu ser el
torrente de hermosura que desgrana en tu creación poética.
Creo no equivocarme si
digo que la única manifestación de la creatividad del espíritu humano que no
puede tener mordazas ni cortapisas es la poesía.
Ese arte de emociones
que es en sí la poesía es patrimonio de seres excepcionales, y como tal debe
fluir como la concibe el poeta.
Ni las ideologías, con
sus cargas de condicionamientos adocenados y pragmatismos hueros, ni las
religiones con sus absurdidades, las más
de las veces inaccesibles al entendimiento del ser humano, ni las mojigaterías sociales,
rellenas de convencionalismos de ocasión, pueden tutelar la creación poética.
De la lectura de esta
obra el lector puede sacar muchas conclusiones, entre otras las siguientes: Que
eres intrínsecamente poeta, dotada de gran cultura, mujer valiente, que penetra
con tu talento creativo a lo más hondo del alma humana, que no te obnubilan los tópicos criollos que castran las potencialidades de
muchos dominicanos, que has sido capaz
de romper esquemas fosilizados que
mantienen a muchos forjadores de las letras nadando en un mar de mediocridades y
especialmente que con tu existencia le da un brillo inmarcesible a la
dominicanidad.
Al terminar de
leer DE LA MANO DEL TIEMPO recordé al poeta cubano José Jacinto Milanés,
cuando decía: “Es cosa buena, cosa linda, tendrá defectos, pero yo cuando cojo
una obra, voy a gozar, no a fiscalizar, voy a deleitar el alma y no a dar filos
a la juiciosa y helada razón.”
Con la lectura de este
hermoso libro he deleitado mi alma y al mismo tiempo he usado la “ helada
razón” y la combinación de ambas cosas me permiten decir que se trata de una
obra digna de ser colocada en un lugar distinguido de la ancha galería del
parnaso dominicano.
Teófilo Lappot Robles
Sto. Dgo., D.N.,R.D.,
24 de agosto del 2012



