Ayer
me decía un amigo, que me diera un baño de “Barrio”. En pocas palabras que fuera más del pueblo y
menos elitista. Rebatí sus palabras, asegurándole que si alguien sabía de
barrio en este planeta tierra, era Yo.
Pero
su juico de valor, no salió de mi cabeza en todo el día. Hice una regresión a
mi infancia y mis recuerdos cargaron en
sus maletas melancolía. Recordé de donde vengo, la casa de zinc de eternas
construcciones, el patio grande y sin divisiones con los vecinos. Recordé las
noches sin luz en las aceras, donde jugábamos al “veo veo”, las mujeres se
ponían al día con las novelas y los hombres hablaban de pelota.
Las
navidades donde la decoración del barrio era colectiva, así como los viajes al
rio en verano, todos en la cama de la “guagua” que prendiera o tuviera
combustible. La época de limoncillos y mangos, los pleitos de las viejas con
amenazadoras escobas de ramo secos ¡Ay de aquel que no recogiera las hojas y
semillas de su festín!
La
lluvia era motivo de fiesta, de buscar esa muda de ropa exclusiva para hacer
oficios y salir a mojarte por toda la calle, cantándole a la “Virgen de las
cuevas”, buscando los chorros de los techos y los charcos en los contenes.
El
olor de los sancochos en las esquinas se posó en mi nariz y mis papilas
degustaron una vez más esos banquetes sociales, sin invitaciones, donde la
etiqueta y protocolo solo te exigía pasarla bien y aportar si tenías en casa,
un poquito de verduras, unas hojas de cilantro ancho o una “sopita”.
La tacita de café de los adultos, nada que
envidiarle a esas hora de Té de la aristocracia inglesa. En ese compartir, los enfermos de una casa
eran propiedad de la comunidad y en las mañanas podías escuchar fácilmente el
interés genuino al preguntar ¿vecina como amanece fulano? ¿Vecino y su dolor
como sigue?
¿Cuándo se extinguió este oasis social? ¿Por
qué nuestras muchachas emigraron a Suiza a bailarle sus sueños a esos de manos
frías poseedores de acentos y Euros?
¿Por qué nuestros muchachos se lanzaron al mar en utopías de madera y se
perdieron en costas con estampas de USA? ¿Por qué los profesionales se fueron a
la gran ciudad, a construir sus propios barrios marginados dentro de los
límites de las tierras de nadie?
Y
me pregunto otra vez ¿Dónde quedó el barrio? Ese sano, colectivo, puro. El
barrio de niñas y señoritas de sus casas con sueños blancos. Ajenas de
bailar reggaetón en las esquinas a los
14, ajenas del trago de “Brugal” con los muchachos a los 15. Ajenas de odiar los llantos de sus hijos antes
de los 16.
¿Dónde
quedó el barrio? Ese de puntos de charlas, no de drogas. Ese donde los colmados
y farmacias eran solo eso y no centros de distribución de basuras, narcóticos y armas. Ese lugar mágico donde a las 7 cerrabas las
puertas de tu casa, para cenar y compartir con la familia, no por miedo a que
con la noche, la corrupción quiera violar tu casa y tus mujeres.
¿Dónde
quedó el barrio? Ese de muertos cansados de la vida y en paz con el rosario. No
éste, de muertos apenas viviendo, violentados en sus casas mientras la madre reza
con un crucifijo entre manos. Ese barrio donde la policía era una figura de paz
y respeto, invitado de honor a tu mesa si acertaba pasar en horas de comida.
Ahora, te quitan la comida de la mesa y temes que se lleven en tus uñas algo
más que unas monedas.
Mi
barrio de respeto a los mayores, de solidaridad, de apoyo. De la música con
bajo volumen porque el al lado se duerme. De los merengues sabrosos y con
letras azules. De jóvenes bien vestidos, con los pantalones sobre las nalgas y
el cabello peinado.
Me
resulta asombroso como puedo tener un baúl tan amplio de pasado, en una
existencia tan corta. Pero mi infancia la recuerdo rosa y en mis calles no
desfilaban “yipetas”, narcos y putas. Ahora, no sé el nombre de mis vecinos,
nunca he tocado sus puertas ni compartido un arroz con leche.
No
tengo tiempo para esos rituales arcaicos, campesinos y fuera de época. No tengo
tiempo para un “Buenos días” “Como le
Va” o un “A sus ordenes por aquí”. No me
juzguen, tengo internet, una vida muy activa en Facebook, una cuenta
interesante en Twitter y un Blackberry.


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